varices esofagicas

¿Qué son las varices esofagicas?

Las varices esofágicas son venas inflamadas que se sitúan en el recubrimiento del esófago. El esófago es el conducto que conecta la boca con el estómago. Si no se detectan y no se tratan éstas pueden llegar a romperse provocando un sangrado que puede poner en peligro la vida.

¿Cómo detectarlas?

En la mayoría de los casos las varices esofágicas se detectan cuando sangran, esto es así porque antes de que lo hagan son asintomáticas, normalmente el sangrado llega a detectarse antes de llegar a ser severo y poder poner en peligro la vida.

Estos son los síntomas que nos facilitan detectarlas, que son derivados de la pérdida de sangre en sí:

  • Presencia de tos o vómitos con sangre
  • Heces fecales de color muy oscuro, negro (esto indica que la sangre ha sido digerida) o enrojecidas
  • Mareos, sudoración incluso desmayo
  • Baja presión arterial
  • Aumento del ritmo cardíaco

Estos síntomas dan pistas a los profesionales médicos para la exploración del paciente y posterior diagnóstico. Hay que tener en cuenta que estos síntomas que se describen arriba no son determinantes y pueden coincidir con otras patologías, con lo que siempre hay que ponerse en manos de un especialista que nos diagnostique y nos ponga en tratamiento lo antes posible.

¿Por qué aparecen las varices esofagicas?

Las varices son consecuencia de un aumento en la presión portal (hipertensión portal), o sea, en las venas que llevan la sangre al hígado. Este aumento de la presión hace que las venas se hinchen y deformen, apareciendo las varices. También el aumento de presión portal hace que la sangre se acumule en otros vasos sanguíneos más pequeños de la zona del esófago. Esto ocurre normalmente como consecuencia de una patología mayor como puede ser:

  • Coágulos sanguíneos en las venas del hígado, las venas portales (las del esófago) o bien en el bazo
  • Cirrosis hepática
  • Insuficiencia cardíaca severa
  • Tumores en el páncreas
  • Infecciones
  • Fístula venosa arterial-portal (esto es una mala conexión entre las arterias y las venas del hígado o del bazo)
  • Algunas drogas como el arsénico, metoticrexato…
  • Sarcoidosis  (es una inflamación de los pulmones, el hígado, ojos, ganglios linfáticos y otros tejidos)
  • Enfermedad de Hodgkin (es un cáncer del tejido linfático)

Posibles factores de riesgo

Los factores de riesgos son aquellas condiciones que incrementan la probabilidad de que se desarrollen las varices esofágicas. Estos factores serán tomados en cuenta por el personal médico y forma parte del historial del paciente, estos pueden ser:

  • Padecer hepatitis crónica (inflamación del hígado debido normalmente a un virus)
  • Alcoholismo o un historial de alcoholismo
  • Ciertas infecciones de parásitos
  • Trastornos de coagulación sanguínea
  • Uso de NSAID (medicamentos antiinflamatorios no esteroideos)

¿Cómo se diagnostican?

El médico registrará la sintomatología que indique el paciente, tendrá en cuenta el historial clínico del paciente y realizará un examen físico. Las pruebas que normalmente se realizan para la detección de las varices esofágicas son:

  • Endoscopia digestiva. Consiste en introducir un endoscopio por la cavidad bucal, provisto de una cámara que permitirá la observación directa del interior del aparato digestivo. Con esta prueba no sólo se verificarán la existencia de varices esofágicas sino que se verá el tamaño de las mismas y el grosor.
  • Análisis sanguíneo. Para determinar la función hepática y renal y también para comprobar el estado de coagulación sanguínea.
  • Ecografía o ultrasonido. Es una prueba no invasiva que puede ayudar en el diagnóstico y evaluar el daño en órganos. Ya que nos aporta información a tiempo real de los órganos internos del cuerpo.

¿Cuál es el tratamiento?

Dependiendo del caso y la evolución de las varices esofagicas se propondrán diferentes tratamientos. Vamos a dividirlos en tres grupos y ver las posibles líneas de tratamiento.

  1. Casos en los que las varices no han sangrado nunca y se han detectado precozmente en seguimientos rutinarios, como suele pasar en pacientes con cirrosis. Cuando se ve en la endoscopia la presencia de varices de gran tamaño, hay que iniciar un tratamiento farmacológico que consigan disminuir la tensión portal, esto suele ser mediante la administración controlada de betabloqueantes. La dosis tiene que ser muy controlada porque dependiendo de la gravedad de la enfermedad hepática se propondrá una dosis más baja o más alta. En algunos casos no se puede administrar esta medicación, es el caso de enfermedades respiratorias graves o en casos de insuficiencia cardíaca, ya que pueden no ser tolerados por estos pacientes y agravar su situación. En los casos en los que no se aconseja la medicación o la medicación es insuficiente, se suelen practicar otra técnica, la ligadura endoscópica, es una técnica que consiste en estrangular las varices utilizando aros de goma, a través de una endoscopia. Con esto se consigue disminuir el tamaño de las varices y en el mejor de los casos eliminarlas por completo. Puede que haga falta realizar la ligadura endoscópica hasta que se consiguen unos buenos resultados.
  2. Casos en los que hay hemorragia. Estos casos son considerados como una urgencia médica, y se actuará lo más pronto posible, ya que la vida del paciente está en juego. En estos casos para controlar la hemorragia suele optarse por un tratamiento farmacológico dirigido a disminuir la tensión portal, y la ligadura endoscópica o escleroterapia endoscópica, que consiste en inyectar una sustancia esclerosante en la variz, para así detener la hemorragia. Una vez que se detiene la hemorragia, se pasará a tratar las posibles complicaciones.
  3. Casos de prevención de nuevos episodios de hemorragia por varices esofagicas. En los pacientes en los que ya hay una historia de sangrado, el riesgo de que vuelvan a surgir es muy algo, un 70%. Es por esto que hay que establecer un tratamiento para prevenir este riesgo. Suelen optarse por dos líneas de tratamiento, tratamiento farmacológico, empezando con betabloqueantes y mononitrato de isosorbide. Esta combinación hace que se reduzca el riesgo de nuevas hemorragias, además al disminuir la presión de la vena porta, también ayuda a la prevención de complicaciones derivadas de la cirrosis hepática. Para los casos que vimos que no pueden ser tratados por estos fármacos se usa el tratamiento endoscópico. Realizando ligaduras endoscópicas. Cuando son pacientes que presentan hemorragias de repetición y enfermedad hepática muy avanzada, cabría la posibilidad de plantearse el  trasplante de hígado en los casos en los que no hay contraindicaciones.

Medidas preventivas

Para reducir las probabilidades de padecer varices esofagicas si se encuentra entre los casos de factores de riesgo, hay que tomar estas medidas:

  • Busque ayuda si sufre de una adicción al alcohol.
  • Consulte con su médico si está en riesgo de padecer una enfermedad hepática crónica o si toma medicamentos que se saben pudieran dañan el hígado.
  • En el caso de padecer una enfermedad hepática el médico puede recetar fármacos para prevenir la inflamación de los vasos.